"Amor y cartografía"
Lola Editorial 1993

TÉ DE RATAS

El verso era: en el dulce fuego de los matrimonios
y el editor escribió: manicomios.
El castigo estatuario paso a ser estepario,
el estornino se convirtió en pájaro estornudo,
la desolación fue una desilusión, las puertas, poetas,
a Nostradamus se le rebautizó como Nos trasladamos,
y con la jerga de las tinieblas
se monto la juerga de las...

Sé que mis versos ganan en fuerza
y en hermetismo –dicen los críticos-,
pero yo tiemblo cada vez que publico
otro limbo y apelo a la divina provincia
que es la mecedora de los estertores.
 


DESCUBRIMIENTO DE UN MUNDO MEJOR

-¿Qué es la pasión?- me preguntó.
Y un gusanillo de sangre, por sorpresa,
brotó entre la espuma de afeitar.
-¿La belleza o la verdad?,
¿el excremento o el amor?-
Yo le contesté: -Aquello que nos hace
partícipes de un destino común.
Y me pidió un ejemplo.
Y la invité a oír
cómo hervía el agua del café.
 


AMANDO A DISTANCIA

Si me quitas el mando, Yemayá,
si no me pasas el pez de doce ojos
y me llevas en ascuas por tu niebla letal,
es que me quieres
pero te gusta el zapping.

Y así no consigo enterarme
de qué cojones va esta película.
 


CIUDADES Y MUJERES

Ciudades como mujeres,
siempre con ruinas en el subsuelo
entorpeciendo prósperos planes de construcción,
con guetos para quien llega buscando el paraíso
y cloacas que emanan de la Moncloa,
con zonas de niebla, curvas peligrosas
y callejones de belleza execrable...

Mujeres como ciudades,
siempre con semáforos en ámbar,
maquilladas para los grandes fastos,
melodías con caderas de bourbon,
y soledades de los campos de futbol,
guiños y luces de bolero,
fotos ocultas del día de la boda...

Calles sin nombre, pubis sin nombre,
saliva de renta baja, bombillas entumecidas,
claxons, deseo, chutas, telecontestafax,
dominicanos, mierda, cabezas rapadas, stress,
muñecas hinchables, tetrabriks, rollos de primavera,
metáforas, mierdas de perro, cajeros, policías,
abetos de plástico, yonkis, limusinas, viejas meadas,
churrerías, idiotas, impuestos, condones, restos de pizza,
cartas al director, filtros de cafetera, chuloputas,
visones y astracanes, vírgenes de plástico, rotuladores,
monjas, chistes a cinco duros, coronas de flores, bonobuses,
comedores de beneficencia, lolitas, eufemismos, fritanga,
atascos, frágil eternidad, Pavarotti por las tuberías,
pancartas, moho, promesas, suspensión de pagos, karaokes,
gorriones yertos, pasos de cebra, chop-suey, pelucas,
parkings, ascensores, violadores, sosa caústica,
calles sin nombre, pubis sin nombre
donde perderse hasta la hora
-loca del desamor-
en que suelen pasar los últimos metros
(vacíos, vagamundos y tan fríos
como se quedan los amantes después del cigarrillo),
y repleto hasta los bordes de basura
el ruidoso y lógico camión que lo recoge todo.
 


AMOR Y CARTOGRAFÍA

A Ulises, a Simbad, a Marco Polo
he preguntado desesperadamente;
a los dioses errantes, a todos los vagabundos del amor.
A Cyrano, a Stephen Dedalus, a Gulliver
he preguntado desesperadamente;
a los cíclopes, lestrígones y lotófagos,
a todos los cautivos de los vientos solares.
A Sinhué, al Baron de Münchausen, a John el Largo,
a replicantes, soñadores y malditos,
he preguntado desesperadamente
por el camino de vuelta
del País de los Muertos,
pues en vida se me olvidó decirte,
con las prisas y los atropellos,
que tú eres la más preciosa de la tierra,
el más bello animal –y no Ava Gadner-,
la piedra alucinada y el séptimo sentido.

Ni el vellocino de oro, ni el Grial, ni los filtros de Circe,
ni todos los Paraísos Prometidos,
te llegan a la altura del botín,
y -¡tiemblo al recordarlo!-
si volviera a la Vida, si cruzara el espejo,
(siquiera unos minutos),
no me demoraría en zambullirme por tu respiración,
y en buscar por tu piel todas las latitudes,
las benéficas olas, los mapas de la memoria.

Se me olvido decirte,
con la prisas y la fugacidad,
que no hay más viaje, ni más camino, ni más sol
que tú, tu juventud, tu compromiso, tu sinceridad.
 


TERRITORIOS OCUPADOS

“Estar en el infinito es estar desterrado”,
me dijo frente a un café con leche
la sombra recortada de María Zambrano.
Y sé que ser mujer y encima palestina,
cuando contemplo el firmamento
con terquedad, callada,
con la sospecha de la gloria inútil,
con el sabor de nuevas crueldades
cuando trago saliva:
Ser mujer es como un truco de magia,
una mosca gigante en el cuenco de la leche,
mas no lo desveléis
a aquellos que vengan a sus muertos,
que tiran la moneda y esconden la toalla.

Ser de infinito es padecer destierro,
y aquí en Cisjordania nuestros recién nacidos
oyen su propia sangre, y gritan desde sus cunas,
cuando las hélices dibujan
el insomnio de la
masacre. 


© Ángel Petisme