“Navegar es preciso.
Vivir no es preciso”
Los Argonautas.
STRIP-TEASE
Todo placer sostiene una iconografía
y ay! de aquel que no provoque a su paso, en su tiempo
o ignorancia o dignidad.
Un feto se petrifica en un jardín
y una piedra puede dar a luz demasiados secretos,
así de cínica es la naturaleza.
Al mediodía, al mediodía
cuando el cielo abre sus puertas
y el deseo se exhibe en un marasmo inhabitual,
cuando el precipicio tiende su brazo legionario
y es difícil de justificar todas las modas, todas,
entonces, cuando todo delata,
ése es el instante de reconciliarse
con todos los pecados de la humanidad
y desnudar la hoguera o desnudarse en el mercurio,
en el espejo de la verborrea, ya está,
ya está, un poco más, hasta los tuétanos,
separar el barro de la paja, ya está,
desprenderse del slip del misterio
y las manos arriba envolviendo otro sol, quizás un falso sol.
Al mediodía, al mediodía
cuando se vean buitres en el cielo,
allá cada uno con su crucifixión ,
con su pudor y sus manías
y ay! de aquel que no provoque
ni un solo deseo, ni uno solo.
VASOS COMUNICANTES
Del sueño a la muerte hay vasos comunicantes
y el eco nos responde con voces del pasado.
Saliva del amor, mapas inacabados,
músicas imposibles.
Me asomé al acantilado y escupí,
trae suerte o trae muerte.
Ah, la ciudad, un nuevo milagro,
los mitos, el champán, las hembras desnudas:
músculos tensos, tierra de nadie,
vértigo de la noche.
Me asomé al acantilado y escupí,
trae suerte o trae muerte.
La imagen se congela con el mando a distancia,
el amor ilumina las noches devastadas,
los púgiles no danzan entre las doce lunas
sino entre fósforos partidos en mitades:
Tiempos sin tregua, herejías modernas,
mares de confusión.
Me asomé al acantilado y escupí,
trae suerte o trae muerte.
ECUACIÓN DE AMOR
Qué ligera es la oportunidad,
qué fácil el pecado:
ciego incendiario, condenado a un silencio abisal.
Un día los carneros murieron, tú no estabas.
incierto y arrogante
besé las cuencas de tu desolación,
tanto te pregunté, tanto desconocí.
Ciego, incendiario,
cada otoño especula la mancha sus espejos.
Se desvanecían:
memorias como fango.
CIUDAD DEL FIN DEL MUNDO
Decidí continuar el viaje. Los paisajes nocturnos que me brindan tus
labios ya no son suficientes. Se erigen como estatuas salitrosas tus
gestos amorosos buscando la entrepierna. Siempre buscaste carbón y no
madera. Extraños ornamentos de incomunicación. Se ven pero no se tocan
tus uñas y tu pasión, son frutas de diamante y palmeras de polvo que
creí adivinar en los pueblos de Túnez. Uno había ya, muy hacia el sur,
que llamaban ciudad. Ciudad del fin del mundo.
Allí navega el desierto de la esterilidad y los bañistas escuchan en
sus walkman gimnopedias y música de serpientes soñando con las presas
del amor. Allí esculpiré bajo la sombra de los dátiles un tótem
impensable y tan terrorífico que bajen la vista todos los peregrinos
que vinieron llamados por el rumor del simún. Allí este tótem como una
montaña convoca a los corazones, allí este tótem como un nido de
buitres dará que hablar a críticos y crípticos del valor de las obras
bien hechas y el menosprecio de aquellas que el miedo hizo abandonar.
Musa de las verdades jóvenes que mis obras no resulten amargas a mis
progenitores, que el velo de la extinción no me cubra la cara recién
rasurada por la piedra. Las piedras de la fe. Que no acabe esta danza
macabra de artistas y videntes, ingenuos y devoradores...Caravana
hacia la piedra de los misterios...obras de una fe sin límite.
HA PASADO UN ANGEL por mi puerta esta noche,
casi una sombra dormida en mi desvelo,
sin palabras, como un chiste de sabios,
revelando un silencio que nunca entenderé,
un silencio que turbó al taciturno.
EN EL TALLER DEL DIABLO
En el taller del diablo sólo caben sorpresas,
sexo y pirotecnia, hipnosis de arpa y trueno,
posibles parentescos, rostros de agua,
metáforas mezquinas en cuerpos tan hermosos.
En el taller del diablo intuí la palabra,
aprehendí el humo en imágenes sin fósforo,
de perfumes sin sueño en la piel perezosa.
Allí la fantasía se preguntó a sí misma:
¿dónde estuve esa noche, quién bailó para mí?
Allí la perversión inquirió a sus latidos:
¿dónde ocultas tu herida y dónde tu virtud?
En el taller del diablo recuperé un cadáver,
esa línea de vida que bañaba mi ombligo,
ese pubis ignoto que alquilé a tumba abierta,
ese sol desolado que temblé a l despertar.
Esa era mi voz, cursi caleidoscopio,
yo afinaba los trópicos hasta la sinrazón,
seducía con ellos la nieve no pisada,
los navíos ingenuos que iban a la Tiniebla,
seducía banderas, jardines y almanaques.
En el taller del diablo me abandoné a tu juego
y condené las puertas al paso de tu estampa,
nunca afiló la lengua tan bien sus inmundicias:
un cromo eres y en cromo te has de convertir.
En el taller del diablo sólo caben empresas
para amantes de espectros y espíritus efímeros,
nada sentimentales, sólo música y riesgo.